

Hace casi una semana que España quedó eliminada en los cuartos de final del Mundial de baloncesto masculino que se celebraba en nuestro país. Todos los analistas deportivos colocaban a la selección española a un nivel muy próximo al equipo de Estados Unidos, que terminaría proclamándose campeón, por lo que como mínimo el combinado nacional debería haber llegado a las semifinales. Esto hace que considere que España ha fracasado en este Mundial.

La primera reacción de los aficionados y de un buen número de periodistas fue solicitar el cese del seleccionador Juan Antonio Orenga ya que todos aquellos que vimos el partido que supuso la eliminación española constatamos que el partido le superó y que en ningún momento supo reaccionar a las alternativas tácticas del entrenador rival. Sin embargo, el presidente de la Federación Española de Baloncesto, José Luis Sáez, en una rueda de prensa concedida unos días más tarde, defendía que no era justo que se le cesara puesto que no era el único responsable de la debacle.

Tras un periodo de reflexión, he llegado a la conclusión de que Sáez tenía razón y que la primera dimisión que hay que solicitar es la del propio Sáez. Considero que él es el principal responsable de la debacle por elegir a un entrenador que no estaba preparado pero que resultaba manejable en vez de alguien más cualificado y que tuviera claro que la preparación del combinado nacional está por encima de los compromisos publicitarios.

En definitiva, opino que la regeneración del combinado nacional masculino debería iniciarse con la dimisión de José Luis Sáez como presidente de la federación y la convocatoria de una elecciones. Una vez surgida una nueva estructura federativa, se debería eliminar la norma que impide que un entrenador ACB sea al mismo tiempo seleccionador nacional para así contratar a Aito García Reneses para que liderase a España en el Eurobasket del próximo verano, donde se debería llegar a la final para lograr la clasificación para los Juegos Olímpicos de 2016, que supondría la mejor despedida para la generación del 80 y un broche de oro para la carrera de este gran entrenador.