

El pasado fin de semana el alero Lebron James, quién este verano era agente libre, anunció su fichaje por los Philadelphia 76ers. Esta decisión además del traspaso acordado con los Boston Celtics, a principios de este mes, que supuso la llegada a Philadelphia del alero Jaylen Brown y unido a la incorporación, también a través del mercado de agentes libres, del base/escolta Anfernee Simons, del alero Kentavious Caldwell-Pope y del ala-pívot Dean Wade supone una absoluta transformación de la franquicia, que lo ha logrado manteniendo a sus mejores jugadores, es decir, el base Tyrese Maxey, al escolta VJ Edgecombe y al pívot Joel Embiid. Todos estos movimientos convierten a los Philadelphia 76ers en uno de los equipos aspirantes a lograr llegar a la final de la NBA en la Conferencia Este de la competición, aunque su debilidad en la posición de pívot, ya que tras Joel Embiid, un jugador muy propenso a lesionarse, no hay un recambio de garantías lo que puede suponer que no logren el ansiado título de campeones de la NBA.
