

El pásado viernes los Lakers anunciaron la destitución de su entrenador jefe Mike Brown tras un inicio de campaña con un balance de una victoria y cuatro derrotas que unido al pésimo final de la temporada anterior y a una mala pretemporada hacía que de los últimos quince partidos disputados por la franquicia de Los Ángeles bajo su mando tan sólo se hubiera ganado uno. Tras el cese de Brown, los rumores en torno a que su sustituto saldría de la dupla formada por Phil Jackson y Mike D’Antoni comenzaron a sucederse. En un principio, la opción de Jackson parecía contar con más posibilidades ya que ya tenía experiencia en el equipo, pudiéndo ser su tercera etapa en el mismo, y además era el favorito para el aficionado de los Lakers. Pero, sin embargo, probablemente este hecho y su mala relación con su cuñado Jim Buss quién es el máximo responsable del equipo en las últimas temporadas hayan decantado la balanza del lado de D’Antoni.
En mi opinión, a pesar de que D’Antoni es un buen entrenador, no creo que su estilo de juego de ritmo alto sea el más indicado para una plantilla veterana con jugadores interiores muy pesados y sin triplistas excelsos. Por tanto considero que a medio plazo su llegada supondrá una renovación de la plantilla con la posible salida del alero Metta World Peace y el ala-pivot Pau Gasol en dirección a los Atlanta Hawks a cambio del alero Kyle Korver y el ala-pivot Josh Smith. Sin embargo, la contratación de D’Antoni o cualquier operación para adaptar la plantilla a su tipo de juego no harán que los Lakers lleguen a la ansiada gran fina de la NBA.